La leyenda de «El Abuelo» que nos legaron nuestros mayores.

Detalle artístico del rostro de Nuestro Padre Jesús Nazareno "El Abuelo" de Jaén con corona de espinas y expresión de dolor.
Primer plano del rostro de El Abuelo.


En Jaén, hay verdades que no se cuestionan porque nos llegaron envueltas en el calor de un abrazo o al calor de una lumbre. Son esas historias que nuestros abuelos nos susurraban al oído cuando apenas levantábamos un palmo del suelo, transmitiéndonos una herencia que pesa más que el oro: nuestra identidad.

En esta Semana Santa, cuando el aire se vuelve incienso, es imposible no recordar el relato que explica por qué Nuestro Padre Jesús Nazareno es, y será siempre, el dueño de nuestros corazones. Para el mundo es una talla sublime; para los giennenses, es simplemente «El Abuelo», y su origen es un prodigio que nace de una noche de tormenta y caridad.


Pintura de un peregrino con capa y bastón caminando bajo una intensa lluvia hacia una luz en la montaña de Jaén.
El peregrino bajo la tormenta en Jaén.

Un refugio en la tormenta: El peregrino del Santo Rostro.

Cerrad los ojos y viajad conmigo a una de esas noches de antaño que nuestros mayores describían con tanto realismo. Imaginad el Puente de la Sierra bajo un cielo roto. El viento aullaba entre los olivos como una fiera herida y la lluvia caía con una fuerza tal que parecía querer borrar los caminos. Por aquel sendero penoso, un anciano peregrino avanzaba a duras penas, con las ropas empapadas y el aliento congelado.

Su destino era la Catedral, anhelaba postrarse ante el Santo Rostro, pero las fuerzas empezaban a flaquearle. En medio de aquella oscuridad absoluta, una pequeña luz parpadeó a lo lejos, como una estrella caída en la tierra: era la ventana de una casería. Al llamar a la puerta, el hombre no pidió lujos, solo el cobijo que no se le niega a nadie en esta tierra. Los caseros, con esa hospitalidad cristiana que nos define, lo invitaron a pasar, compartiendo con él, la mesa y el abrigo del hogar.

Dibujo del peregrino observando cómo los caseros meten un gran tronco de madera en la habitación de la casería.
¡Qué hermosa imagen de un nazareno se haría de este madero!

El misterio del tronco y la promesa del anciano.

Durante la cena, mientras el agua golpeaba con furia los ventanales, el peregrino reparó en un enorme tronco de madera que descansaba en la lonja. Sus ojos, que parecían contener una sabiduría de siglos, se iluminaron al verlo. Con una voz suave que se sobreponía al estruendo de la tormenta, comentó:

"¡Qué hermosa imagen de un nazareno se haría de este madero!"

Agradecido por la hospitalidad, el anciano hizo una propuesta que a los caseros les pareció el desvarío de un hombre cansado: si le permitían llevar el tronco a su aposento y le prometían que nadie interrumpiría su silencio durante la noche, él tallaría una imagen de Jesús para ellos.


Escena de los caseros abriendo con cautela la puerta de la habitación donde se encontraba el peregrino.
Los caseros descubren el milagro.

El silencio milagroso en la Casería de Jesús.

Lo que sucedió después es la parte que siempre nos hacía contener el aliento cuando nos la contaban de niños. El anciano se encerró. Pasaron las horas y, a pesar de la curiosidad de los caseros, no se oyó ni un solo ruido. Ni el golpe del mazo, ni el rasgar de la gubia, ni una sola astilla cayendo al suelo. Solo el silencio sepulcral de la habitación frente al rugido de la lluvia que seguía cayendo afuera.

Al mediodía siguiente, temiendo que al anciano le hubiera pasado algo, forzaron la puerta. El aposento estaba vacío. Ni rastro del peregrino, ni una ventana abierta por donde hubiera podido escapar. Pero allí, en el centro de la estancia, se alzaba majestuosa la imagen de Nuestro Padre Jesús. Estaba terminada, perfecta, con una expresión de dolor y dulzura que ninguna mano humana parecía capaz de lograr en tan poco tiempo y en tal absoluto silencio.


Acuarela de la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Jaén con túnica blanca tras ser finalizada por el peregrino.
Hallazgo de la imagen de Jesús Nazareno.

Un legado de fe que vive en cada giennense.

La noticia corrió como la pólvora por cada rincón de Jaén. Aquella vivienda pasó a ser la Casería de Jesús, lugar de peregrinación para miles de vecinos que querían presenciar el milagro con sus propios ojos. Aquella zancada poderosa del Nazareno, que parece caminar de verdad por nuestras calles cada madrugada de Viernes Santo, nació de la gratitud de un ángel disfrazado de caminante.

Hoy, cuando vemos pasar a «El Abuelo», no solo vemos una imagen; vemos el reflejo de lo que nuestros mayores nos enseñaron a amar. Es la historia de nuestra tierra, de nuestra fe y de esa hospitalidad que un día convirtió un tronco de madera en el alma de Jaén.


Acuarela de la fachada de la Iglesia de San José, actual Camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno en Jaén.
Fachada del Camarín de Jesús en Jaén.

¿Recuerdas quién fue la primera persona que te contó la historia del peregrino y la Casería de Jesús? ¿Qué sentimiento te invade cuando escuchas el rachear de sus costaleros? Cuéntanos tus recuerdos y comparte este artículo para que la leyenda de «El Abuelo» siga pasando de padres a hijos.

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