El Susurro de la Piedra: El Pilar del Arrabalejo y el Orgullo de un Barrio
Hay rincones en Jaén donde el tiempo parece haberse
detenido a descansar, refrescado por el sonido constante del agua. Uno de ellos
es el Pilar del Arrabalejo. Hoy, al caminar por la calle
Millán de Priego, lo encontramos desnudo de esos antiguos encalados que durante
siglos ocultaron su verdadera piel de piedra. Libre de la cal y de los añadidos
que desdibujaban su fisonomía, el monumento se presenta ante nosotros con la
honestidad de la cantería renacentista, revelando las cicatrices y las glorias
de un Jaén que se niega a ser olvidado.
Este pilar no nació por capricho ornamental, sino por
el clamor de la sed. Corría el año 1573 cuando los
vecinos de este arrabal extremo, una zona de hortelanos y gente humilde
extramuros, alzaron la voz ante el cabildo. Necesitaban agua. Lo que
obtuvieron, sin embargo, fue mucho más que un abrevadero: fue una obra
monumental que elevó la categoría estética de la periferia jiennense. La
construcción fue impulsada por los "Muy Ilustres Señores de Jaén",
bajo el mandato directo del corregidor Licenciado Gómez del Castillo,
un hombre que entendió que la utilidad pública no estaba reñida con la belleza.
Si uno se acerca lo suficiente a su cuerpo central,
podrá leer —pese al desgaste de los siglos— el testamento pétreo de su
fundación. En su corazón de piedra quedó grabada una inscripción que es, a la
vez, firma y orgullo:
"ESTA OBRA MANDARON HAZER LOS MVY ILLSS SS IAEN
SIENDO CORREGOR... GOMEZ DEL CASTILLO AÑO 1574".
Esta fecha, 1574, marca el
nacimiento de un gigante de tres cuerpos que hoy, despojado de sus antiguas
tejas y cubiertas, muestra una silueta más sobria y purista, muy cercana a la
sobriedad de la escuela de Andrés de Vandaelvira.
En su base, el agua brota generosa desde dos hornacinas hacia el pilón
rectangular, separadas por ese estrecho paso que antaño pisaron hombres y
bestias por igual. Pero es en su cuerpo central donde la historia se vuelve
heráldica: allí, un gran escudo flanqueado por medallones nos habla de linajes
y del poder de una ciudad que, en el Siglo de Oro, era referente del Reino.
Arriba, coronando el conjunto, un jarrón clásico se recorta contra el cielo de
Jaén.
Resulta fascinante contemplar su estampa actual. Ya no conserva aquellos tejados morunos que mencionaban las crónicas antiguas, ni el antepecho que le daba un aire casi doméstico. Hoy es piedra pura, un fragmento de la memoria colectiva que se nutre del histórico Raudal de la Magdalena. El Pilar del Arrabalejo sigue siendo el punto exacto donde la historia oficial de los corregidores se funde con la intrahistoria de los vecinos que, hace casi medio milenio, solo pedían agua para su día a día.
Al pasar hoy frente a él, conviene detenerse un
segundo. Sin el disfraz de la cal, la piedra nos cuenta la verdad: Jaén es una
ciudad construida sobre el agua, y el Arrabalejo es el testimonio más
majestuoso de esa unión inquebrantable.
El Pilar del Arrabalejo ha sobrevivido a siglos de historia, cambios urbanos y capas de cal. ¿Qué sientes al pasar por esta joya del Renacimiento jiennense? ¿Tienes algún recuerdo familiar vinculado a este rincón de la calle Millán de Priego? Déjanos tu comentario aquí abajo y ayúdanos a mantener viva la historia de nuestro patrimonio.




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