Ibn Mu'ad al-Yayyani: El sabio de Jaén que midió el cielo y cambió las matemáticas.
Bajo el sol dorado de la antigua Ayyán —la
Jaén que hoy pisamos—, hubo un tiempo en que el conocimiento no se buscaba en
pantallas, sino en el movimiento de las estrellas y en la perfección del trazo
sobre el pergamino. Imaginen el siglo XI: un al-Andalus vibrante, donde el
aroma a azahar se mezclaba con el olor a tinta fresca. Allí, entre el murmullo
de las fuentes y el rigor de la ley, surgió una figura cuya sombra se
proyectaría durante setecientos años sobre la ciencia europea: Ibn Mu‘ad
al-Yayyani.
No era solo un matemático; era un visionario que
decidió que los triángulos no debían ser simples herramientas de los
astrónomos, sino ciudadanos libres de la ciencia. Al-Yayyani fue el hombre que independizó
la trigonometría, otorgándole un alma propia y una estructura científica
autónoma.
El rastro de un sabio entre Jaén y Sevilla.
Poco importa si nació en el año 989 o a
principios del siglo siguiente; lo que perdura es su esencia giennense, grabada
en su nisba o apellido. Ibn Mu‘ad nació en el seno de una familia de
juristas, hombres de leyes que buscaban la equidad en la tierra, mientras él,
quizás, buscaba la armonía en las esferas. Fue cadí y alfaquí en su Jaén natal,
e incluso se dice que sus pasos le llevaron a las altas esferas del poder como
visir en la Sevilla de los Abbadíes.
Pero su mente siempre viajaba más lejos. Se
cuenta que, tras formarse en Almería, pudo haber cruzado el mar hacia Egipto en
su peregrinación a La Meca. Allí, entre las bibliotecas de Oriente, debió
absorber los secretos que más tarde volcaría en sus obras, convirtiéndose en el
puente humano entre la sabiduría antigua y el futuro Renacimiento.
El hombre que midió lo invisible.
¿Alguna vez te has preguntado a qué altura
termina el aire que respiramos? Ibn Mu‘ad no solo se lo preguntó, sino que lo
calculó con una precisión que asusta. En su célebre Liber de Crepusculis,
observando el ángulo de depresión del sol cuando el día se funde con la noche,
determinó que la atmósfera tenía una altura de 83,68 kilómetros.
Dato asombroso: Su cálculo
fue aceptado como una verdad absoluta en Europa durante seis siglos. Solo el
genio de Kepler, en el siglo XVII, se atrevió a refinar una cifra que el sabio
de Jaén había deducido apenas con su ingenio y la observación del cielo
andalusí.
Un legado que puso a Jaén en el centro del mapa.
Ibn Mu‘ad no solo miró hacia arriba; también
organizó la tierra. Sus Tabulae Jahen (Tablas de Jaén) no eran simples
números; eran un mapa estelar que tomaba a su ciudad natal como el meridiano de
referencia. Siglos antes de que Greenwich se llevara la gloria, el mundo
astronómico miraba hacia Jaén para calcular eclipses y orientar la sagrada
alquibla.
Además, su defensa de Euclides y su
tratado Kitab Mayhulat qisi al-kura sentaron las bases para que figuras
como Gerardo de Cremona o Regiomontano pudieran, siglos más tarde, revolucionar
la ciencia occidental. Sin este giennense universal, el lenguaje de la
geometría que hoy estudiamos sería, sin duda, mucho más pobre.
Ibn Mu‘ad al-Yayyani nos recuerda que hubo una
época en la que nuestras ciudades eran faros de luz para el resto del mundo.
Redescubrir su figura es, en parte, recuperar nuestro propio orgullo histórico.
¿Conocías la historia de este sabio que puso a Jaén en el centro del universo astronómico? ¡Déjanos un comentario y no olvides compartir este artículo para que el nombre de Al-Yayyani vuelva a brillar como las estrellas que tanto amó!
Bibliografía
- Escribano Ródenas, M. C., & Martos Quesada, J. (2011). Ibn Mu‘ad Al-Yayyani. Revista Suma+.
- Boletín del Instituto de Estudios Giennenses. (2008). Vida y obra del matemático giennense del siglo XI Ibn Mu'ad Al-Yayyani. Dialnet.
- Carrillo de Albornoz Torres, A. (2024). Ibn
Mu'adh al-Jayyani. Matemático jiennense. Diario JAÉN.
- Iglesia Aparicio, J. (2021). ʿAbd
Allāh Muḥammad Ibrāhīm ben Mu'adh al-Yayyani, astrónomo y matemático
andalusí. Historia del Condado de Castilla.




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