El milagro de la Merced en Jaén: Cuando el plomo se rindió ante el Nazareno
Un registro marcado por el destino.
Corría el año de gracia de 1681. Imaginen por un
momento el escenario: el aire frío de la noche jiennense golpeando el rostro de
Don Lucas M. de Velasco, Alguacil Mayor de la Catedral. Puedo
visualizarlo ajustándose el jubón, sintiendo el peso de su autoridad mientras
guiaba a un pequeño pelotón hacia una casa sospechosa. Se decía que entre
aquellos muros se ocultaba lo más granado del hampa local, hombres que no
tenían nada que perder y mucho que ocultar.
La justicia, en aquel entonces, no era solo una cuestión de
leyes, sino de coraje. Don Lucas, con el pecho henchido de deber, se dispuso a
cruzar el umbral de aquella guarida. No sabía que, tras la puerta, la muerte lo
esperaba con el dedo apoyado en un gatillo.
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| La última puerta antes del trueno. |
El estruendo en la penumbra de la Merced.
En un rincón de la entrada, camuflado por la oscuridad más
espesa, un hombre embozado contenía la respiración. En sus manos, un trabuco
cargado de malas intenciones. En cuanto el Alguacil Velasco puso un pie en el
interior, el silencio de la noche estalló. Una descarga ensordecedora de postas
impactó de lleno en el pecho de Don Lucas, quien cayó al suelo como un fardo,
ante el horror de sus compañeros.
El asombro que detuvo el tiempo.
Cierro los ojos e intento imaginar el pavor de aquellos
hombres. Se abalanzaron sobre su líder, dándolo por muerto. Un disparo a
bocajarro con semejante arma no dejaba lugar a la esperanza; el destino de
Velasco parecía sellado en sangre. Con manos temblorosas, le despojaron de la
camisa para buscar la herida mortal, esperando encontrar el horror del plomo
desgarrando la carne.
Sin embargo, el silencio que siguió fue más atronador que el
propio disparo. Velasco no tenía ni un solo rasguño.
Allí, colgando de su cuello, se encontraba un relicario
de Nuestro Padre Jesús Nazareno. El impacto había sido tan brutal que el
marco de plata estaba completamente deformado, doblado por la violencia del
proyectil. Pero aquí es donde la razón se detiene y comienza la leyenda: el
cristal que protegía la imagen de "El Abuelo" estaba intacto,
sin una sola fisura, como si una mano invisible hubiera detenido la trayectoria
de la muerte justo antes de tocar lo sagrado.

El escudo invisible de la fe.

La huella de un milagro con base jurídica.
Lo que podría parecer un cuento de viejas o una exageración
de cronista, encuentra su eco en la realidad documental. Esta vivencia fue
recogida por el ilustre D. Alfredo Cazabán en su mítica revista Don
Lope de Sosa, basándose en un informe jurídico de 1710. En aquel documento,
se acreditaban formalmente los milagros de Nuestro Padre Jesús Nazareno para su
proceso de fe.
Me pregunto qué pensaría Don Lucas al levantarse del suelo,
sacudiéndose el polvo y mirando aquel relicario abollado. Quizás comprendió
que, en esta ciudad de cuestas y leyendas, a veces el cielo decide bajar a la
tierra para proteger a los suyos. Es una historia de protección, de una
devoción que salva vidas y de un Jaén que, bajo la mirada de su Nazareno,
siempre ha sabido que los milagros, a veces, visten de plata y llevan el pecho
blindado por la fe.
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| Testigos de lo inexplicable. |
¿Conocías esta increíble historia de protección del
Nazareno en las calles de Jaén? Me encantaría saber si en tu familia se cuenta
alguna otra leyenda sobre "El Abuelo" o si alguna vez has sentido esa
protección especial en un momento difícil. ¡Cuéntanoslo en los comentarios y
comparte este artículo para que la historia de Don Lucas de Velasco no se
pierda en el tiempo!



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