El aroma a canela y cera: Un refugio de nostalgia en el Día de Todos los Santos
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| Ermita del Calvario, Jaén. |
El calendario tiene fechas que no se miden en números, sino en sensaciones. Hay días que huelen a humedad de noviembre, a crisantemos recién cortados y a ese dulzor espeso de la miel que todo lo envuelve. Hoy es uno de esos días. El Día de Todos los Santos no es solo una jornada de liturgia; es el puente invisible que tendemos hacia quienes ya no habitan el tiempo, pero que siguen viviendo en los detalles más pequeños de nuestra memoria.
Recuerdo, como si fuera una historia que alguien me susurró
al oído en una tarde de otoño, cómo se preparaban las casas para recibir este
silencio. No era un silencio triste, sino un recogimiento familiar que
nos obligaba a bajar el tono de voz, no por luto, sino por respeto a los que,
de alguna forma, sentíamos que volvían a casa por una noche.
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| Cementerio de San Eufrasio, Jaén. |
Las mariposas sobre el aceite y el eco del cementerio de San Eufrasio.
Cierro los ojos y me veo de nuevo en la cocina de mi
infancia. Allí, sobre la encimera, un pequeño cuenco con aceite de oliva
sostenía el milagro de las mariposas. Aquellos círculos de cartón, con
su pabilo atravesado, flotaban como pequeñas islas de fe. Me pregunto ahora,
con la perspectiva del tiempo, qué pensaría aquel niño al ver esas luces
titilando para guiar a las ánimas. Era una iluminación cálida, humilde, que
contrastaba con la oscuridad del pasillo y que nos recordaba que el amor es una
llama que se cuida con paciencia.
Luego llegaba el ritual del camino. Ir al cementerio de
San Eufrasio era caminar por un museo de historias mudas. Mis padres, con
esa dedicación silenciosa, limpiaban las lápidas de los abuelos paternos como
quien acaricia una mano querida. No era una tarea pesada; era un acto de
presencia. Llevar flores no era un compromiso social, sino una forma de decir: "No
te hemos olvidado, sigues formando parte de nuestro árbol".
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| Cementerio de San Eufrasio, Jaén. |
El sabor de Jaén: Gachas, buñuelos y la sobriedad del reencuentro.
Pero la tradición en nuestra tierra, en este Jaén de
olivares y cielos grises, también se saborea. Tras la misa y la visita al
camposanto, el consuelo llegaba en forma de azúcar y harina. La parada
obligatoria en la confitería era el preludio de una noche mágica. Los buñuelos
de viento y los huesos de santo se amontonaban en bandejas de
cartón, esperando el momento de la cena.
Y, por supuesto, las gachas. Ese plato tan nuestro,
tan rústico y a la vez tan sublime, acompañado de batatas asadas con miel.
Imagino a las familias de antaño, reunidas alrededor de una mesa donde la
ausencia de los que se fueron pesaba más que las palabras. Era una celebración
sobria e íntima. Aunque el ambiente era distendido, nosotros, los niños,
percibíamos ese hilo invisible de nostalgia que unía a los adultos con sus
recuerdos. Era un día de recogimiento, de sentirnos parte de algo más grande
que nosotros mismos.
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| Fachada del cementerio de San Eufrasio, Jaén. |
Entre el Halloween moderno y la esencia de nuestras raíces.
Es inevitable observar cómo los tiempos cambian. Hoy, el
bombardeo de redes sociales y cine nos trae disfraces de látex, calabazas
iluminadas y el "truco o trato" de una cultura que no es la nuestra.
No se trata de rechazar lo nuevo —la cultura siempre es un organismo vivo que
se enriquece con lo foráneo—, pero sí de evitar que el ruido del disfraz
silencie la profundidad de nuestro patrimonio inmaterial.
Halloween es una fiesta, pero Todos los Santos es una vivencia.
Uno nos invita a evadirnos; el otro nos invita a encontrarnos. No deberíamos
permitir que nuestras mariposas de aceite se apaguen por el soplo de una moda
pasajera. Sea uno creyente o no, este día es el testimonio de nuestra
identidad, el recordatorio de que somos el resultado de todos esos nombres
grabados en piedra en San Eufrasio.
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| Vista de la Avd. de las Cruces desde el cementerio de San Eufrasio. Jaén. |
¿Y tú, qué recuerdos guardas de este día? ¿Aún
enciendes una mariposa por tus seres queridos o prefieres mantener viva la
tradición a través de los dulces típicos? Me encantaría leer tus historias en
los comentarios y que compartas este artículo para que estas costumbres sigan
latiendo en nuestra memoria colectiva.





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