El origen de la Feria de San Lucas: Entre leyendas, pestes y el aroma a otoño en Jaén.
![]() |
| Tradicional feria de ganado con el Castillo de Santa Catalina al fondo. |
Hace apenas unas horas que el alumbrado encendió la chispa
de la alegría en nuestra tierra, y ya se siente ese cosquilleo en el estómago
que solo los giennenses comprendemos. Nos quedan por delante días de júbilo
hasta llegar al 18. Pero, mientras caminaba hoy
entre el bullicio, no he podido evitar preguntarme: ¿Por qué celebramos
nuestra feria ahora, cuando el frío empieza a asomar, y no bajo el sol de estío
como tantas otras ciudades?
Acompáñenme en este viaje al pasado, porque la respuesta es
un laberinto de historia que merece ser contado con la pausa de un buen café.
![]() |
| Pasacalles de Gigantes en la Feria de San Lucas. |
El mito del Condestable y la realidad de un privilegio real.
Siempre nos han contado, casi como un susurro de abuelos a
nietos, que nuestra feria nació para honrar la onomástica de aquel caballero
legendario: Don Miguel Lucas de Iranzo, el Condestable de Castilla. Se
dice que en el siglo XIV, Jaén bailaba por él. Sin embargo, los viejos legajos
y la historia fría —aunque menos romántica— desmienten esta creencia popular.
La verdadera semilla de nuestra fiesta la plantó el Rey Don
Enrique IV de Castilla. Corría el 23 de junio de 1453 cuando concedió a
Jaén el privilegio real de celebrar una feria que pusiera orden al caos de
mercadillos y tratos fiscales de la época. Pero, curiosamente, aquel rey no
pensó en octubre. Él dispuso que la feria se celebrara entre el 1 y el 15 de
agosto, aprovechando la festividad de la Virgen. Por aquel entonces, el
Condestable ni siquiera había puesto un pie en nuestra ciudad; llegaría cinco
años más tarde.
![]() |
| Las emblemáticas torres de la Feria de Jaén entre puestos. |
La bendición de la Santa Faz y los campos giennenses.
Imaginen por un momento aquel Jaén medieval. No había
altavoces ni luces de neón. La feria era un evento sacro y comercial a partes
iguales. El momento cumbre ocurría cuando el Santo Rostro era asomado
por los balcones de la Catedral. Puedo visualizar a los miles de peregrinos,
con los pies cansados de caminos polvorientos, alzando la vista hacia la Santa
Faz para pedir bendiciones para sus campos. Era un Jaén de fe, de sudor y de
esperanza, donde el aroma a incienso se mezclaba con el del ganado.
Cuando la peste cambió nuestro calendario para siempre.
Si la feria era en agosto, ¿cómo acabó en octubre? La
respuesta es tan dramática como la vida misma. En 1805, una terrible
epidemia de peste y fiebre amarilla asoló nuestra tierra. El silencio se
apoderó de las calles y la feria de agosto fue suspendida por puro dolor y
miedo.
Una vez superada la tragedia, los giennenses, que siempre
hemos tenido un espíritu resiliente, decidieron trasladar la celebración a
octubre, haciéndola coincidir con una antigua feria menor de ganado. Ya
en 1833, la Real Sociedad de Amigos del País solicitó formalmente que este mes
acogiera una feria agrícola y ganadera con festejos. Durante un tiempo, agosto
y octubre convivieron en el calendario como dos hermanas que se resisten a
despedirse, hasta que en 1855, la economía y la tradición dictaron
sentencia: San Lucas sería nuestra única y definitiva gran cita.
![]() |
| Tiovivo clásico y puestos de feria en Jaén. |
Un recinto itinerante: El alma de Jaén que no encontraba sitio.
Del centro histórico a la expansión moderna.
Es fascinante recordar cómo la feria ha ido
"colonizando" diferentes rincones de nuestra geografía urbana. Hubo
un tiempo en que los puestos se montaban en la Plaza de San Francisco y la
calle Los Álamos. Más tarde, el bullicio se trasladó a Bernabé Soriano (La
Carrera) y a la Plaza del Mercado (hoy Plaza de la Constitución).
Pero claro, imaginen el olor y las molestias del ganado en
pleno centro. La feria tuvo que emigrar: pasó por Peñamefecit, el Ejido de
Belén, la calle Arquitecto Berges e incluso el solar donde más tarde se
levantaría el antiguo Estadio de la Victoria o la Escuela de Magisterio.
Finalmente, tras pasar por el Portillo de San Jerónimo en
1952, se inauguró en 1953 el recordado Recinto Ferial de Felipe Arche,
que fue nuestro hogar festivo hasta los años 90. Muchos de los que me leéis aún
recordaréis aquellas noches allí, antes de que el crecimiento de la ciudad nos
llevara provisionalmente a la estación y, finalmente, al actual recinto de La
Vestida.
La feria de Jaén no es solo una fecha en el calendario; es
el eco de una historia de supervivencia, fe y evolución. Es el último refugio
del año antes de que el invierno nos guarde en casa.
![]() |
| Panorámica de casetas y atracciones en la Feria de San Lucas. |
Y tú, ¿qué recuerdos guardas de aquellas ferias de tu
infancia? ¿Echas de menos algún antiguo recinto o prefieres la modernidad de La
Vestida? Déjame un comentario y cuéntame tu historia, ¡me encantaría leerte y
que juntos hagamos de este blog el rincón de nuestra memoria giennense!





Me resulta entrañable esa imagen de nuestra feria. Tan cercana y tan lejana a la vez, por su gran transformación.
ResponderEliminarMe resulta entrañable esa imagen de nuestra feria. Tan lejana y tan cercana por su gran transformación. Muchas graviad
ResponderEliminar