Tras los pasos de Bernabé Soriano, el bondadoso médico de los pobres de Jaén.

Representación artística en acuarela de la estatua de Bernabé Soriano, el histórico "médico de los pobres" de Jaén, sentado y sosteniendo un sombrero, rindiendo tributo a su labor humanitaria.
 Monumento y estatua en honor al Dr. Bernabé Soriano en Jaén.


Cuentan los viejos del lugar, con esa voz que se quiebra entre la nostalgia y el respeto, que hubo un tiempo en que las calles de Jaén no olían solo a aceite y piedra húmeda, sino a una humanidad que hoy nos parece de leyenda. Me lo imagino a él, caminando bajo los soportales, con su maletín de cuero gastado y esa mirada limpia que solo tienen quienes han visto el dolor de cerca y han decidido no girar la cara. Hablo de Bernabé Soriano de la Torre, un nombre que hoy rotula nuestra arteria principal, pero que en su día fue el latido mismo de una ciudad que despertaba a la modernidad.


Pintura en acuarela que muestra al Dr. Bernabé Soriano caminando con su maletín por una calle empedrada y tradicional de Jaén, con la silueta de la catedral o torres al fondo, en su camino para visitar a pacientes.
Bernabé Soriano en sus rondas médicas por las calles de Jaén.


El pionero que trajo la luz a la penumbra giennense.

Me detengo a pensar en aquel Jaén de finales del XIX. Una ciudad de sombras y candiles donde la enfermedad era un enemigo invisible y temible. Don Bernabé no se conformó con lo aprendido en los libros de la Universidad de Granada. Tenía esa inquietud febril de los sabios. Imaginen la escena: 1896, apenas un suspiro después de que Röntgen descubriera los rayos X, él ya estaba en Barcelona, fascinado, comprendiendo que el futuro de la curación pasaba por ver lo invisible.

En 1908, su gabinete en la Calle Jiménez Serrano se convirtió en un faro de vanguardia. Fue el primero en traer un equipo de rayos X a Jaén. Me pregunto qué sentirían aquellos giennenses al entrar en su gabinete electro-terapéutico; debió de parecerles magia, una promesa de vida en una época donde la ciencia aún libraba batallas inciertas. No era solo técnica; era el empeño de un hombre por traer el progreso a su tierra, fundando incluso el Boletín de Medicina y Cirugía para que el conocimiento no se quedara encerrado en cuatro paredes.


Ilustración en acuarela de un encuentro conmovedor donde el Dr. Bernabé Soriano se arrodilla en la calle para asistir a una anciana que se siente indispuesta, destacando su vocación y servicio cercano a los vecinos de Jaén.
El Dr. Bernabé Soriano brindando auxilio en plena calle.

El "Padre de los Pobres": Una medicina del alma.

Pero, si algo me hace suspirar al leer sobre su vida, no son sus títulos, sino su apodo. "El médico de los pobres". Dicen que su puerta nunca tenía cerrojo para quien no tenía con qué pagar. Puedo visualizarlo subiendo las cuestas del barrio de San Juan o perdiéndose por las callejuelas cerca de la Santa Capilla de San Andrés, entrando en casas donde el hambre era un habitante más, ofreciendo no solo su ciencia, sino su consuelo.

Fue un hombre de contrastes armoniosos: lo mismo gobernaba la Santa Capilla de San Andrés que impulsaba la cultura en el Casino de Artesanos. Y hay un detalle que siempre me estremece: el poeta Almendros Aguilar, la voz lírica de nuestra tierra, exhaló su último aliento en los brazos de Don Bernabé en 1904. Me gusta pensar que en ese último instante, el poeta encontró la paz en la misma presencia que tanto bien hizo a los humildes. Fue el puente entre la ciencia, la fe y la palabra.


Un adiós en Madrid y un regreso eterno en piedra.

La muerte le sorprendió en Madrid en 1909, pero su corazón nunca salió de Jaén. El duelo de la ciudad fue algo pocas veces visto; no fue una despedida oficial, fue un llanto colectivo. El pueblo, ese que él había sanado gratis, se rascó los bolsillos en una suscripción pública para que su recuerdo no se borrara con el viento.

Así nació esa estatua que hoy nos vigila en la Plaza de la Constitución, esculpida por el gran Jacinto Higueras. Y así, la antigua Carrera de Isabel II se rindió a su nombre en 1917. Hoy, cuando paseamos por la "Carrera", a menudo olvidamos que ese suelo lo pisó un gigante de la filantropía. Don Bernabé no solo fue un médico; fue la prueba de que se puede ser eminente sin dejar de ser profundamente humano. Su legado no es solo una calle o un monumento de piedra, sino el eco de su bondad que aún resuena cuando un giennense ayuda a otro sin esperar nada a cambio.


Boceto en acuarela que recrea una escena histórica del Dr. Bernabé Soriano atendiendo a un paciente en una humilde estancia en Jaén. El médico ausculta al enfermo junto a una chimenea, reflejando su histórica entrega a los necesitados.
El Dr. Bernabé Soriano visitando a un paciente humilde.

¿Alguna vez te has detenido ante su estatua y te has preguntado cuántas vidas salvó aquel hombre de mirada serena? Me encantaría saber si en tu familia se cuenta alguna historia o anécdota transmitida por tus abuelos sobre "el médico de los pobres". ¡Déjanos un comentario y comparte este artículo para que el nombre de Bernabé Soriano siga vivo más allá de las placas de nuestra ciudad!


Comentarios

Lecturas recomendadas