El latido de la tradición en Jaén: La elegancia eterna de la Pastira y el Chirri jiennense.
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| Esencia de Jaén: Pareja vestida de Chirri y Pastira. |
Cuentan los más viejos del lugar, con esa voz que se vuelve
quebradiza cuando el recuerdo pesa, que en Jaén la identidad no se lleva solo
en el apellido, sino en la urdimbre de una tela. Me gusta imaginar a mi
bisabuela frente al espejo, un 11 de junio, colocándose con mimo la cinta de
terciopelo negro al cuello mientras el sol de justicia ya empezaba a calentar
las piedras de la Plaza de San Ildefonso. Aquella estampa no era solo un
disfraz; era el eco de siglos de historia campesina que se mudaron a la ciudad
para vestirse de gala.
Ser Pastira o ser Chirri es, en esencia, un
acto de resistencia cultural. Es traer al presente el aroma de la leche recién
ordeñada y el sonido de las carretas que bajaban de la sierra, transformando el
sudor del campo en la elegancia señorial de una capital que nunca olvidó sus
raíces rurales de los siglos XVIII y XIX.
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| La Pastira: Monumento vivo de nuestra identidad. |
La Pastira: De las veredas de la sierra a la alcurnia urbana.
La Pastira es la mujer de Jaén hecha monumento.
Originalmente, este traje era el uniforme de batalla de aquellas lecheras y
pastoras valientes que cruzaban los fielatos para abastecer a la ciudad. Pero
no te equivoques, bajo esa aparente sencillez se esconde una arquitectura
textil de una sofisticación asombrosa.
Anatomía de la elegancia jiennense.
Cuando ves a una Pastira, lo primero que atrapa tu mirada es
el contraste. El jubón o almilla, de un negro profundo y seda brillante,
ciñe el cuerpo con la autoridad de una armadura, suavizada apenas por el encaje
de bolillos que asoma en puños y escote. Pero el secreto mejor guardado está
bajo la falda de canícula azul grisácea:
- Los
cinco refajos: Tradicionalmente de bayeta roja, que otorgan a la mujer
ese vuelo y esa presencia rotunda al caminar.
- El
peinado de alpargata: Un laberinto de cabello con rodetes laterales y
flores que parece desafiar la gravedad.
- Las
Saboyanas: Esos pendientes largos que tintinean con cada paso,
acompañando a la cruz de oro que pende del cuello.
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| El sacrificio de una Pastira ante la invasión. |
La leyenda de la Mantilla Colorá: Sangre, honor y río.
Si algo detiene el tiempo en la estampa de una Pastira, es
su mantilla roja. Pero, ¿por qué roja? La historia oficial nos habla de
modas, pero la memoria del pueblo prefiere la épica.
Se dice que, en una mañana de romería a orillas del
Guadalbullón, un grupo de jiennenses fue emboscado por una partida de moros
granadinos. La lucha fue feroz, desesperada, cuerpo a cuerpo. Los hombres de
Jaén defendieron a sus mujeres con tal bravura que el enemigo huyó, pero el
precio fue alto. Aquellas tocas blancas, que las mujeres usaban para protegerse
del sol, quedaron empapadas por la sangre de la batalla. Desde aquel día, la
mantilla se tiñó de rojo para que nadie olvidara jamás el valor de aquel pueblo.
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| El latido de la tierra: Bailando el Bolero jiennense. |
El Chirri: El eco señorial de los carreteros.
Si la Pastira es la elegancia, el Chirri es el porte.
Su nombre mismo es un homenaje al trabajo: proviene del "chirriar" de
los ejes de las carretas al entrar en la ciudad. Imagino a esos hombres,
agricultores acomodados, descendiendo de sus monturas con una presencia que
mandaba callar a las plazas.
Viste una chaquetilla corta de lana negra con coderas marrones, un guiño a la durabilidad del campo pero con cierres de alamares que hablan de distinción. El pantalón, ancho y a veces adornado con caireles (monedas metálicas), anuncia su llegada con un tintineo rítmico, una música propia que compite con el crujir del cuero de sus botas.
El toque del catite y la capa.
El Chirri no está completo sin su sombrero calañés o
catite, colocado con gallardía sobre un pañuelo atado a la cabeza. Y para
las noches de frío intenso, cuando el viento de Santa Catalina baja cortante
desde el Castillo de Santa Catalina, se envuelve en la capa de paño recio,
una prenda que solo sale a pasear en las grandes ocasiones, otorgándole un aire
casi de hidalgo.
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| Devoción y color: Ofrenda a la Patrona de Jaén. |
Un traje para las grandes citas de Jaén.
Hoy, ver a una pareja de Pastira y Chirri es ver a Jaén en su estado más puro. No es un traje para cualquier día; es el atuendo que se reserva para cuando el alma de la ciudad se pone de fiesta:
Las Lumbres de San Antón: Bajo el humo de las hogueras y el sabor de las rosetas.
El 11 de junio: En la ofrenda floral a nuestra Virgen de la Capilla, la patrona que nos cuida desde su camarín.
Día de Santa Catalina: Cuando la ciudad sube al cerro para abrazar su historia.
Vestirse de Pastira o Chirri es un honor que pasa de padres
a hijos. Es una forma de decir que, aunque el mundo cambie, nosotros seguimos
sabiendo quiénes somos.
¿Alguna vez te has vestido con el traje típico de nuestra
tierra o guardas en casa alguno de tus antepasados? Me encantaría que
compartieras conmigo esa sensación de llevar puesta nuestra historia o qué
recuerdos te trae ver la mantilla roja por las calles de Jaén. ¡Déjame tu
comentario y compartamos el orgullo de nuestras raíces!





Hola Julio. Siempre he pensado que el traje de pastira, sobre todo la parte de arriba me recuerda a damas íberas. Tu crees que es alguna reminiscencia relacionada con su indumentaria?
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