La epopeya de Andrés de Vandelvira en el Reino de Jaén.

Ilustración de la escultura en bronce de Andrés de Vandelvira en Jaén, representándolo con sus herramientas de arquitecto y un plano, frente a un fondo de arquitectura renacentista.
Homenaje al maestro: El monumento a Andrés de Vandelvira en Jaén.


Cuentan quienes todavía saben escuchar el silencio de las catedrales que la piedra no es un material inerte, sino un libro que espera ser leído. Me lo decía mi abuelo mientras paseábamos por las callejuelas empedradas de Úbeda: "Mira ese arco, hijo; no lo sostiene el cemento, lo sostiene el pensamiento de un hombre que sabía geometría y, quizá, algo de magia". Ese hombre era Andrés de Vandelvira, un nombre que en las tierras del Santo Reino suena a leyenda, a cincel y a una ambición serena que cambió para siempre el horizonte de Jaén.

Imagino a aquel joven nacido en Alcaraz allá por el 1505, con las manos curtidas por el polvo blanco de la cantera, mirando hacia el sur. Quizá no sabía que su destino estaba ligado a los olivares y a la luz dorada de la provincia jiennense, pero en sus ojos ya se dibujaban las líneas de lo que hoy llamamos el Renacimiento español.



Ilustración artística que recrea a Andrés de Vandelvira trabajando sobre un gran plano de piedra, rodeado de herramientas de medición y bajo la luz de un taller renacentista.
El alma del cantero: Vandelvira ante sus planos.


El eco de un genio: De la cantera a la gloria.

Vandelvira no fue un arquitecto de escritorio y plano limpio; fue un maestro de la estereotomía, el arte casi místico de cortar la piedra para que desafiara a la gravedad. Dicen que trabajar a su lado era asistir a una lección constante de matemáticas aplicadas a la belleza. Su formación inicial como cantero y su vinculación con su suegro, Francisco de Luna, marcaron el inicio de una trayectoria que encontraría su escenario principal en tierras jiennenses a partir de 1534.

Bajo el mecenazgo de figuras tan influyentes como el secretario imperial Francisco de los Cobos, Vandelvira no solo ejecutó proyectos, sino que innovó mediante soluciones constructivas como la bóveda vaída, esa cúpula que parece un pañuelo al viento y que se convertiría en su sello distintivo.


Una evocadora ilustración en acuarela que captura la belleza y el detalle de la fachada renacentista de la Sacra Capilla del Salvador en Úbeda. La imagen destaca los tejados de terracota, las esculturas de piedra, las ventanas decoradas y la impresionante torre campanario bajo un cielo nublado, transmitiendo una sensación de historia y paz.
Fachada de la Sacra Capilla del Salvador en Úbeda: Una joya del Renacimiento.


Úbeda y la transformación de un sueño urbano.

Si alguna vez te has detenido ante la Sacra Capilla del Salvador en Úbeda, habrás sentido ese escalofrío que produce lo sublime. Vandelvira tomó los planos de Siloé y les insufló vida propia. Su Sacristía es un laberinto de audacia técnica, donde los ángulos parecen curvarse para servir a la luz, rompiendo la simetría para engrandecer el conjunto.

Pero su huella en Úbeda es inabarcable. Paseando por la ciudad, uno se topa con:

  • Hospital de Santiago: Su obra de mayor madurez. Una "H" gigante de piedra que combina la sobriedad clásica con una geometría abstracta que parece adelantada a su tiempo.
  • Palacio Vázquez de Molina (o de las Cadenas): Actual Ayuntamiento, un prodigio de fachada inspirada en los mejores modelos italianos.
  • Palacio del Deán Ortega y Palacio Vela de los Cobos: Donde la arquitectura civil alcanza cotas de nobleza insuperables.
  • Puente de Ariza: Una obra de ingeniería sobre el río Guadalimar que nos recuerda que Andrés también sabía domar las aguas.

Pintura que muestra a un Andrés de Vandelvira maduro señalando los avances en las obras de una de sus iglesias a otros personajes de la época.
Visionario de piedra: Vandelvira y la construcción de la Catedral.


La Catedral de Jaén: El corazón de un reino.

En 1553, Vandelvira fue nombrado Maestro Mayor de la Catedral de la Asunción de Jaén. Es, posiblemente, el templo más elegante de España. Al entrar, uno siente que el espacio se expande. Aunque solo pudo terminar una parte (incluyendo la sacristía y la sala capitular), su diseño unitario fue tan perfecto que sus sucesores no se atrevieron a cambiar ni una coma de piedra.

La Sacristía de la Catedral es citada por los historiadores como una de las mejores piezas de la arquitectura española. Es una paradoja de piedra: pesada en su materia, pero ligera en su espíritu gracias a su juego de arquerías e iluminación natural.


Dibujo artístico del interior de la Sacristía de la Catedral de Jaén, destacando sus icónicas columnas dobles y el juego de luces en las bóvedas diseñadas por Vandelvira.
La perfección del espacio: Sacristía de la Catedral de Jaén.


Un legado que se extiende por toda la provincia.

La genialidad de Vandelvira no se detuvo en las grandes ciudades; fue un arquitecto "todoterreno" que sembró belleza en cada rincón de Jaén.



Baeza, la otra cara de la moneda.

En la ciudad hermana, intervino en la Catedral de la Natividad, modernizándola al gusto renacentista. Pero su gran joya, aunque herida por el terremoto de Lisboa, fue la Capilla de los Benavides en el Convento de San Francisco, famosa por una bóveda cruzada que representaba la cima de la técnica de su tiempo.


De las sierras a la campiña.

  • Cazorla: Realizó el proyecto más osado de su carrera en las Ruinas de Santa María, construyendo una iglesia literalmente sobre el cauce de un río, lo que requirió un complejo encauzamiento subterráneo.
  • La Guardia de Jaén: La iglesia del antiguo convento de Santo Domingo destaca por sus linternas y bóvedas, sirviendo como panteón de los señores de la zona.
  • Villacarrillo: Trabajó en la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, dejando su impronta en las naves y el retablo.
  • Huelma, Linares y Jódar: Sus trazas y diseños llegaron a la Iglesia de la Inmaculada Concepción, la Basílica de Santa María la Mayor y la Iglesia de la Asunción, respectivamente.
  • Sabiote: Donde intervino tanto en su imponente castillo como en la Iglesia de San Pedro.

Una cuidada ilustración en acuarela del Castillo de Sabiote en Jaén. Se aprecia su robusta arquitectura defensiva con sillería de piedra, grandes torreones circulares y murallas almenadas, todo bajo un cielo suave que resalta la majestuosidad de esta fortaleza reformada por Andrés de Vandelvira.
El Castillo de Sabiote: Fortaleza del Renacimiento en el Reino de Jaén.


El descanso del maestro.

Andrés de Vandelvira falleció en Jaén en 1575. Fue un hombre de gran cultura y honradez, preocupado hasta el final por su familia, como se lee en su testamento. Pidió ser enterrado en la Basílica de San Ildefonso, en Jaén, cerca de sus obras, rodeado del aire que él mismo ayudó a embellecer.

Su sabiduría fue recogida por su hijo, Alonso de Vandelvira, en el manuscrito Libro de traças de cortes de piedra, asegurándose de que el genio de su padre cruzara fronteras. Hoy, su legado es la razón por la que Úbeda y Baeza son Patrimonio de la Humanidad.


¿Has sentido alguna vez esa paz extraña al entrar en uno de los edificios de Vandelvira? Cuéntame cuál de estas obras en la provincia de Jaén te impresiona más o qué sensación te produce ver cómo la piedra desafía al tiempo. ¡Me encantará leer tus impresiones en los comentarios! No olvides compartir este artículo para que el nombre del gran maestro siga resonando por todo el mundo.


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