El eco del agua bajo el palacio: Un viaje a los Baños Árabes de Jaén.

Vista en acuarela de la amplitud de las salas de los Baños Árabes de Jaén, destacando el uso del ladrillo y la luz filtrada.
Interior monumental de los Baños Árabes de Jaén.

A veces, el suelo que pisamos no es solo tierra y piedra, sino un cofre que guarda los suspiros de otros tiempos. Leí alguna vez, en un viejo libro, que en el corazón de Jaén existe un palacio que decidió no destruir el pasado, sino abrazarlo, manteniéndolo oculto como un secreto precioso durante siglos. Hablo de los Baños Árabes, un lugar donde el tiempo parece haberse detenido en una penumbra de vapor y silencio.


Acuarela de la fachada renacentista del Palacio de Villardompardo en Jaén, edificio que alberga los Baños Árabes.
Exterior del Palacio de Villardompardo en Jaén.


Un refugio de luz y piedra en el siglo XI.

Imagino por un momento que camino por la Jaén del año 1002. Puedo sentir el frescor de los muros recién levantados, aprovechando la nobleza de una antigua casa romana. Cierro los ojos y casi escucho el goteo rítmico del agua sobre el mármol y el eco de las voces que, entre las luces que se filtraban por los lucernarios en forma de estrella, compartían confidencias y descansos. Aquellos hombres del siglo XI no solo construían un baño; daban forma a un ritual de pureza.

Dicen que, un siglo después, manos almohades embellecieron aún más sus salas con decoraciones que el tiempo, en un gesto de generosidad, nos ha permitido conservar. Era una época de esplendor, donde el agua era el alma de la ciudad.


Ilustración artística de una sala de los Baños Árabes de Jaén mostrando los característicos tragaluces en forma de estrella de ocho puntas.
Bóveda con lucernarios estrellados de los Baños Árabes.


El olvido necesario: Del Palacio de Villardompardo a la eternidad.

La historia, siempre caprichosa, cambió el rumbo de estas salas tras la conquista de Fernando III en 1246. Lo que antes fue un remanso de paz, se transformó en el ajetreo de las tenerías entre los siglos XIV y XV. Me detengo a pensar en cómo las salas templada y caliente, que antes olían a esencias y vapor, pasaron a oler al cuero de los curtidores cristianos.

Pero el verdadero giro del destino ocurrió a finales del siglo XVI. Don Fernando de Torres y Portugal, Virrey del Perú, decidió erigir su imponente palacio sobre los baños. Podría haber sido su final, pero fue su salvación. Los Baños Árabes quedaron enterrados, dormidos bajo los cimientos y sótanos, protegidos del mundo exterior por el peso de la aristocracia. Quedaron allí, esperando en la oscuridad, como un tesoro aguardando a ser redescubierto.



Acuarela detallada de las columnas y capiteles que sostienen las bóvedas de los históricos baños de Jaén del siglo XI.
Arquitectura y columnas de los Baños Árabes.


El renacer de un tesoro bajo la mirada de Europa.

No fue hasta principios del siglo XX cuando el palacio, ya bajo el cuidado de la Diputación de Jaén, comenzó a revelar sus secretos. Imagino la sorpresa de los arqueólogos en 1913, cuando al realizar el Catálogo Monumental, se toparon con los arcos de herradura y las bóvedas estrelladas que llevaban siglos sin ver el sol. Fue como encontrar un latido en un cuerpo que se creía de piedra inerte.

La restauración fue un acto de amor que atravesó generaciones. Desde los primeros trabajos de Torres Balbás y Luis Berges Martínez, interrumpidos por la tragedia de la Guerra Civil, hasta la culminación en 1984 por Luis Berges Roldán. Aquel esfuerzo colectivo no solo devolvió la vida al monumento, sino que le valió el reconocimiento de la Medalla de Honor de Europa Nostra.

Incluso el cine, ese gran contador de historias, sucumbió a su magnetismo en 2008, convirtiéndolos en el escenario de intrigas en la película "La Conjura de El Escorial". Hoy, al pasear por sus salas, no puedo evitar sentir esa nostalgia de lo que fue y el asombro de lo que permanece. Los Baños Árabes de Jaén no son solo ruinas; son el eco vivo de una civilización que entendió, mejor que nosotros, que el agua y el silencio son los verdaderos lujos de la vida.


¿Y tú, has sentido alguna vez esa extraña conexión con el pasado al visitar un lugar histórico? ¿Conocías el secreto que guardaba el Palacio de Villardompardo bajo sus pies? Me encantaría leer tus impresiones en los comentarios. ¡No olvides compartir este artículo si crees que la historia de Jaén merece ser recordada!


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