El sonido del Agua en el Muro de las Bernardas: Un Escudo Imperial en el Corazón de Jaén

Ilustración detallada que recrea la vista frontal de la Fuente de la Alameda de Jaén. Se aprecia el largo pilón rectangular de grandes sillares de piedra, caracterizado por sus tonos cálidos y texturas desgastadas por el agua. Sobre el pilón, la estructura central de la fuente presenta su frontis clasicista con pilastras jónicas laterales, un ático decorativo y el escudo de armas imperial flanqueado por dos grifos en relieve. Dos caños vierten agua al pilón.
La Fuente de la Alameda, una monumental parada para los viajeros. 


Caminar por la Alameda es entregarse a un ejercicio de memoria viva. Hay rincones en nuestra capital que no solo ocupan un espacio físico, sino que actúan como guardianes de fragmentos dispersos de nuestra historia. Uno de ellos es el pilar abrevadero que descansa, casi con humildad franciscana, adosado a los recios muros del Convento de la Concepción Franciscana.

Resulta inevitable cerrar los ojos e imaginar cómo resonarían los pasos en esta plaza cuando aún existía el trasiego de caballerías buscando el alivio de sus dos caños. Pero este pilar no es un simple surtidor; es un "collage" de piedra, un rompecabezas histórico que nos habla de la grandeza de una ciudad que fue frontera, corte y cuna del Renacimiento.


Un Rompecabezas de Piedra: El Legado de Luis Berges.

La fisonomía que hoy admiramos se la debemos a la sensibilidad de D. Luis Berges Roldán. El arquitecto, con esa maestría para rescatar la esencia jiennense de entre los escombros del tiempo, supo integrar en esta fuente elementos que la piqueta de la modernidad había dejado huérfanos.

Al observar el pilar, lo primero que nos asalta es la imponente presencia del escudo imperial de Carlos V. Es una pieza de una fuerza plástica sobrecogedora, que parece vigilar el paso de los transeúntes con la misma severidad con la que lo haría en su ubicación original.



Primer plano ilustrado del escudo de armas central que adorna el frontis de la Fuente de la Alameda de Jaén. El relieve, tallado en piedra arenisca ocre y tostada, muestra el escudo imperial bicéfalo flanqueado por dos grifos con las alas desplegadas. Se pueden distinguir los cuarteles del escudo, incluyendo el león rampante y otros emblemas, aunque desgastados. La ilustración recrea la textura de la piedra, el juego de luces y sombras del relieve y el color natural de la piedra arenisca
El escudo imperial preside la fuente, un símbolo de poder y
protección que nos recuerda el glorioso pasado de Jaén.

El Viaje desde las Antiguas Carnicerías.

Lo que pocos saben al detenerse a beber o a contemplar el lento discurrir del agua, es que este escudo y sus inscripciones no nacieron aquí. Proceden de las antiguas Carnicerías de la ciudad, un edificio que en el siglo XVI representaba la pujanza civil y el control de los abastos en Jaén.

Mientras que la parte inferior de aquella estructura se encuentra hoy custodiada en la calle del Arco de los Dolores, aquí, frente a las Bernardas, el blasón se erige como el protagonista absoluto. Es un recordatorio pétreo de que Jaén, bajo el reinado del César Carlos, era una pieza clave en el tablero de aquel Imperio donde nunca se ponía el sol.


Detalle de una cartela de piedra tallada, recreada en una ilustración sobre fondo de papel texturizado. Se trata de una pieza de piedra arenisca, con bordes desgastados, que presenta una inscripción latina en mayúsculas capitales en cinco líneas: "GYMINI.CALVO ILEFERM.ADE.SLVSATE LEBATCVS.D.O.C.COVOBIS.APPARNVS GYAE MACELLVY E ALENDA FAVCVS". La ilustración capta el color ocre de la piedra y los matices del desgaste del tiempo, así como la tipografía original de las letras.
Detalle de cartela con inscripción latina en la Fuente de la Alameda, Jaén.


Crónicas Escritas en Piedra: Las Inscripciones de 1549.

A los flancos del escudo, casi como susurros que desafían al olvido, se conservan los restos de la inscripción original de las Carnicerías. Leerlas es realizar un salto temporal directo al año 1549, cuando el orden clásico transformaba la fisonomía de nuestras calles.

En los sillares podemos alcanzar a leer:

"Esta obra se inició y acabó bajo el reinado del muy invicto Carlos Quinto. Año 1549"

Y un poco más allá, la mención al corregidor que velaba por el orden en aquella ciudad de hidalgos, clérigos y artesanos:

"Gonzalo ... Fernández administraba justicia cuando se os preparó esta insigne carnicería. Calendas de Agosto ..."

Es fascinante pensar que esas mismas letras fueron testigos del trajín de los abastecedores hace casi cinco siglos y hoy, por azares del urbanismo y el afán conservador de Berges, flanquean el agua clara que refresca el barrio del convento.


Ilustración detallada de una segunda cartela de sillería en la Fuente de la Alameda de Jaén, sobre fondo de papel rugoso. Esta pieza de piedra, con su característico tono ocre y grisáceo, muestra una inscripción latina en cinco líneas de texto en mayúsculas capitales, que menciona al emperador Carlos V: "CAROLO.QVINT O INVICTISIMO IMPERATORE REGNATE NOC OPV MCERTI EVIT I PRECT VALIOM 9.2". La ilustración capta la textura rugosa de la piedra y el relieve de las letras talladas.
El nombre del emperador Carlos V queda vinculado para siempre a la historia de este rincón de Jaén.


La Atmósfera de la Calma: Un Rincón para la Reflexión.

Hay algo de místico en este pilar. Quizás sea la cercanía de la clausura de las monjas bernardas, o el contraste entre la piedra heráldica y la sencillez del abrevadero. A menudo me pregunto si los jiennenses que pasan a toda prisa son conscientes de que, en apenas un par de metros de muro, se concentra la gloria de un emperador y el pulso cotidiano de la justicia del siglo XVI.

Este rincón nos enseña que Jaén es una ciudad de capas, una ciudad que se construye sobre sí misma, donde una fuente no es solo una fuente, sino un archivo abierto al cielo.


¿Recuerdas haber bebido de estos caños en las tardes de verano de tu infancia? ¿Conocías el origen "carnicero" de este escudo imperial? La historia de Jaén se mantiene viva gracias a quienes la cuentan y la recuerdan. Déjanos un comentario con tus vivencias o comparte esta crónica para que este pequeño tesoro de Las Bernardas siga siendo parte de nuestro presente.


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