Alcalá Venceslada: El guardián de las palabras perdidas y el alma de Jaén.
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| Retrato artístico de D. Antonio Alcalá Venceslada. |
Resulta inevitable, al caminar por las empedradas cuestas de
Jaén, imaginar la
silueta de un hombre menudo y de mirada curiosa, libreta en mano, cazando al
vuelo giros lingüísticos que el tiempo amenazaba con borrar. Ese hombre era Antonio
Alcalá Venceslada, el polígrafo que no solo estudió Andalucía, sino que la
sintió latir en cada una de sus expresiones más humildes.
Un viaje desde las riberas del Guadalquivir hasta la capital del Santo Reino.
Aunque el azar quiso que naciera en Andújar un día de
1883, su corazón siempre perteneció a ese "Marmolejo del alma" donde
el agua y la tierra parecen fundirse en una paz antigua. Alcalá Venceslada no
fue un intelectual de torre de marfil; su formación en Derecho y Filosofía y
Letras en las universidades de Granada y Sevilla le dotó de una estructura
académica impecable, pero fue su ingreso en el Cuerpo de Archiveros,
Bibliotecarios y Arqueólogos en 1915 lo que definió su destino.
Tras un periplo por Santiago, Cádiz y Huelva —ciudades que
sin duda enriquecieron su oído—, el regreso a Jaén en 1920 marcó el inicio de
una era dorada para la cultura jiennense. Como profesor del Instituto Virgen
del Carmen, no solo impartió lecciones de lengua, sino que enseñó a sus
alumnos a amar la identidad propia sin complejos.
El "Vocabulario Andaluz": El mapa del tesoro de nuestra habla.
Si Alcalá Venceslada es hoy un nombre eterno, se debe en gran medida a su obra cumbre: el Vocabulario Andaluz. Publicado originalmente entre 1933 y 1934, y ampliado magistralmente en 1951, este compendio de 18.000 palabras es mucho más que un diccionario; es el acta de nacimiento de nuestra dignidad lingüística.
Un hito filológico: Fue el primer repertorio léxico completo de la región.
Reconocimiento: Le valió el prestigioso premio Conde de Cartagena de la Real Academia Española (RAE).
Más que filología: Sus versos en Coplas andaluzas o la calidez de sus Cuentos de Maricastaña revelan a un escritor de una sensibilidad extraordinaria, capaz de captar la "solera fina" de la vida cotidiana.
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| Portada histórica del Vocabulario Andaluz de Alcalá Venceslada. |
El hombre detrás del académico: Un corazón entre dos orillas.
A menudo, la historia olvida la dimensión humana de los
grandes nombres. Alcalá Venceslada fue un hombre de una integridad
inquebrantable. Como concejal y alcalde accidental de Jaén, su despacho nunca
tuvo puertas para la necesidad.
Me conmueve especialmente recordar su gesto durante los años
grises de la posguerra. A pesar de ocupar cargos en el régimen, su lealtad a la
amistad estaba por encima de cualquier color político. Se cuenta, casi en
susurros de respeto, cómo protegió al republicano José Gutiérrez Alcalá,
demostrando que la verdadera nobleza no reside en los títulos, sino en la
capacidad de tender la mano en tiempos de oscuridad.
Devoción y silencio en el Cerro del Cabezo.
Su fe no era impostada. Fundador de los "Cruzados de la
Virgen de la Cabeza" y cofrade de honor de Nuestro Padre Jesús Nazareno
("El Abuelo"), su espiritualidad estaba arraigada en las
tradiciones más profundas de Jaén. Por ello, no es de extrañar que, tras su
partida en 1955, sus cenizas fueran esparcidas en el Cerro del Cabezo. Allí,
donde el viento silba entre los pinos, descansa el hombre que nos enseñó a
hablar con orgullo.
Hoy, el nombre de Alcalá Venceslada bautiza colegios, calles
y premios literarios. Pero su verdadero legado no está en el mármol, sino en
cada vez que un jiennense utiliza un término que él rescató del olvido, o
cuando un investigador consulta sus archivos en el Instituto de Estudios
Giennenses.
Fue, en palabras que aún resuenan con justicia, un "andaluz
para todos los andaluces". Un hombre que entendió que para ser
universal, primero hay que amar profundamente el rincón de tierra que uno pisa.
Nos encantaría leer tus historias en los comentarios y
mantener viva la memoria de este ilustre jiennense. ¡Comparte este artículo
para que su legado siga recorriendo nuestras calles!


El entusiasmo de los escritores anima a los simples viajeros a disfrutar de una ciudad sencilla pero muy interesante cuyo descubrimiento ha sido para mí toda una sorpresa.
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