La Puerta de la Noguera: El eco de los pasos que partían hacia Granada.
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| El sueño de Berges Roldán en la Puerta de la Noguera. |
Hay esquinas en Jaén que no se recorren solo con los pies,
sino con la memoria. Una de ellas aguarda en la intersección de la calle Manuel
Jontoya con la emblemática calle Llana. Hoy, el asfalto y el paso apresurado de
la modernidad parecen haber borrado cualquier rastro de asombro, pero si uno se
detiene justo donde el viento dobla la esquina, todavía es posible sentir el
peso de una ausencia monumental.
Resulta inevitable cerrar los ojos e imaginar cómo vibraba
el suelo bajo los cascos de las caballerías cuando la Puerta de la Noguera no
era un recuerdo, sino una imponente realidad de piedra. Aquel era el último
refugio antes del abismo del camino; el lugar donde los viajeros de hace seis
siglos se santiguaban antes de perder de vista las torres de la ciudad para
internarse en las peligrosas rutas que conducían al Reino de Granada. No era
solo un arco: era la frontera emocional de un Jaén que vivía con el oído puesto
en la muralla y el corazón volcado hacia el sur.
Un bastión mudéjar entre dos mundos.
La historia nos dice que fue en el siglo XIV cuando esta
estructura terminó de consolidar su fisonomía. Me gusta pensar en los canteros
que, bajo el sol de plomo jiennense, levantaron aquel arco central. Se dice que
era una pieza de factura mudéjar exquisita, una arquitectura que hablaba el
lenguaje de la convivencia y la frontera.
Su ubicación no era azarosa. Situada en la confluencia de la
actual calle Francisco Coello (nuestra querida y castiza "calle
Llana") y Manuel Jontoya, la puerta ejercía de aduana emocional. Por un
lado, el bullicio de la parroquia de San Ildefonso; por otro, el horizonte
abierto hacia las tierras del Reino Nazarí. El diseño, con sus portillos
peatonales escoltando el gran arco para caballerías, convertía a la Noguera en
el epicentro de un flujo humano constante de mercaderes, soldados y mulas cargadas
de aceite y cereal.
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| Cicatrices de piedra: La hornacina del Cristo del Perdón. |
El trágico destino de una puerta que no quería morir.
La crónica de la Puerta de la Noguera es, lamentablemente, la historia de una resistencia frente al mal entendido "progreso". Como si de un destino trágico se tratase, la estructura ha vivido un ciclo de desapariciones que aún duele en el alma de la ciudad:
- 1873: La primera herida. En pleno siglo XIX, bajo el pretexto de la expansión urbana, la piqueta derribó la estructura original. Jaén perdió entonces uno de sus diez accesos principales.
- 1972: El sueño de Luis Berges Roldán. Hubo un intento de justicia poética. El arquitecto Berges Roldán, con esa sensibilidad suya para rescatar nuestra memoria, dirigió una reconstrucción que pretendía devolverle al barrio su identidad perdida.
La segunda demolición: Apenas unos años después de su renacimiento, la puerta volvió a caer. El asfalto y la tiranía del tráfico rodado reclamaron su espacio, dejando a la Puerta de la Noguera reducida a un fantasma de piedra.
"Es una ironía cruel que una estructura diseñada
para durar siglos fuera derrotada dos veces por la prisa de apenas unas
décadas."

La esquina del tiempo: Vestigios de la Noguera.
Los vestigios que nos quedan: El Cristo del Perdón.
Hoy, quien se detenga con ojos curiosos en la zona, aún
podrá encontrar las cicatrices de este pasado. Un resto de torreón y el
arranque del arco se aferran a la modernidad como queriendo recordarnos quiénes
fuimos.
Pero si algo mantiene viva la llama de la Noguera es la
Hornacina del Cristo del Perdón. Allí, donde antaño se alzaba la torre
defensiva, hoy habita la devoción. Esta pequeña imagen, bajo su arco protector,
es el último centinela de la puerta. Los vecinos de la zona aún se detienen
frente a ella, cumpliendo con un ritual que trasciende los siglos: una mirada,
un rezo silencioso, una conexión directa con aquel Jaén intramuros que se
resiste a ser olvidado.
¿Alguna vez te has detenido ante la hornacina del Cristo del
Perdón o has imaginado cómo era el tránsito por la calle Llana cuando la puerta
aún existía? Cuéntanos tus historias o los relatos que oíste de tus abuelos
en los comentarios. Ayúdanos a que la memoria de Jaén no se erosione con el
tiempo.


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